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Los sueños pulen la realidad de arrebatos existenciales, esenciales para acreditar la significancia del ideal futuro en la mente del genio creativo. Soñar con un mundo cada vez más interconectado ya no es la utopía o distopía que idealizaron Swift, Verne, Orwell, Burgess y muchos más, ahora es una real entropía que abraza las tendencias que exhuberan la esencia e irisdiscencia de una carnal decencia impregnada en la infinita decadencia del ser social psicoseado por psicosociales originados en la informacion que nos proporciona su rudimentario acceso al cultivo, ante crecientes olas de posverdad, tras haber sido instruidos por abismales atisbos de inventiva y "pandémicas proporciones de criterio".

Vivir a la vanguardia, nos lleva a divisar los instantes en estantes en los que la historia es alcanzada por el histérico juicio de la historicidad, la partida de los hechos se interpreta por los dichos de eruditos en ciertos nichos o de bulos mediatizados por líderes de opinión, invocando en la significancia de su esceptica y contagiosa gracia, la aplicacion de un método vicario e insalubre para una sociedad ensuciada por la posverdad.

El hombre de ciencia y el hombre de Dios tienen hambre de lumbre y ansiedad por llegar a la cumbre, lo cual todo nubla, como de costumbre, el panorama y el abordaje, resaltando un instante impreciso con constantes misivas criptografiadas por el tecnicismo elitista, que actua cual misil para el meollo del asunto.

Amores de correo sellado proliferan obras de "in-culto" conspiranóico, eclipsando con excusas, la histerica historia con la que soñó el amnesico buen gusto del "método científico", de neuronas fúnebres y de epitafios esquivos, que de día rinde pleitesía al formato transmedia y de noche crítica el franquiciamiento del detalle morboso y corrosivo que el mismo gestó.

La producción de contenido intelectual ha sido desvestida hasta mostrar la osteoporosis en sus pilares formalizadores de estilos insufribles, cuya milenaria infancia ebulle por fín a la vida, tallando la inmaterialidad del estudio de horizontes incognoscibles, en el que el abordaje, no es mas que un sesgo compatible con los intereses del lider de opinión o del aspirante a tal, quien a tal razon prefiere pulverizar el teleorema como hecho lingüístico y diseñar un nicho ergonómico para el estratégico renacimiento de su simiente expresivo : La noetica, como recurso estético, más no ético.

El auge migratorio capta la mediana pureza de la vanguardia cotidiana que documenta el parpadeo desenfocado por el ralentí de la mundializacion: Progreso económico y buenas relaciones diplomaticas que permitieran nuestra existencia como ciudadanos globales y bastardos vástagos de una prometedora inconsistencia que intencionalmente disloca las elipsis gráficas de sus ideales, para re-semiotizar el discurso, vomitar una sintaxis idealizada que emigra de la desgracia de la deshumanización capital, anclado a una sensible antítesis que congratula con simpleza, la historicidad del amnesico recuerdo humanitario: Vender nuestros recursos, consesionar nuestro futuro y dejar el fruto necrosado al hado desdichado, procreado por un pueblo desinteresado.

El Playback mediático de la protesta se centra en migrantes que aún no se adaptan a la esclavitud neoliberal peruana, aceptan la miseria salarial por necesidad, algo que nosotros defendiamos con necedad, pues el gremio siempre se individualizaba por un miserable manifiesto de espíritu gregario; ahora  explotan y botan migrantes, repitiendo el ciclo revanchista de lo ocurrido a algunos peruanos en la crisis inflacionaria del primer gobierno de Alan García, manifestando que estamos cada vez mas lejos de ser una hermandad.

La ilusión nubla la lógica y dificulta el desentrañar la posmodernidad entre máscaras ideológicas y la distopica realidad, ocurrió en el Perú plagado por una cínica hinchada futbolística, que se aprovecha de nuestra amnesica desazón para condicionarnos con la promesa de goce perdido.

La simbiosis de un fantasmagórico sueño migrante que pule la realidad de arrebatos generacionales, solo impulsa a las ya conocidas potencias en su acaparamiento de prestigio y pseudo-benevolencia diplomatica y bélica. Siendo esencial la existencia del ideal para acreditar la significancia del futuro, se aprovechan de nuestro fragil sistema productor de rumores, para vendernos superioridad racial, económica y hasta ergonómica.

En tiempos de globalización y mundializacion, es el ciudadano global el que triunfa al saberse recurso e hito, para un espacio impersonal en el cual, aprender idiomas y establecer relaciones fortalece su rol social y rompe su oclusivo claustro identitario, proveyendole muchos beneficios más y exigiéndole romper la barrera lingüística, para que a fin de su bienestar integral se promueva la agudeza auditiva, plasticidad cerebral y rapidez cognitiva que lo ayuden a adaptarse a los cambios, ganar a la vanguardia como ser transformacional y trascendental; para la historicidad de su periodicidad vital sin solo vanalizarse entre la cultura exhibicionista y el cultivo de instantes hedonistas, que extravien su constante búsqueda de sentido ante una abstracta constante de influencias, confluencias y afluencias.

¿Estamos listos?

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