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Momentos de real incertidumbre se viven en el Perú a dos semanas de celebrar el Bicentenario de pseudo- independencia, son tiempos convulsionados por una pandemia, escasez de nuevos líderes y un país cimentado en una leprosa democracia a servicio de los grandes monopolios.
Si bien ningún extremismo es saludable en la política, en la críptica honestidad de la contraparte, cuya hibridación ideológica es integramente capital como los pecados Fujimoristas, se evidencia el firme respaldo del conservadurismo social, neoliberalismo, populismo de derecha, anticomunismo y fundamentalismo cristiano, aunados a una posición de derecha extrema.
Es dificil elegir entre un mal menor cuando el catastrofismo de extremos se apodera del electorado; a nivel político, se suele recurrir a mecanismos psicológicos de incierto direccionamiento, manipulación propagandística y estadística, establecimiento irregular de la agenda "setting", "terruqueo del contrario" y un sin fín de métodos anti-éticos que tornan el proceso de "elecciones, apelaciones y admisiones", una vil bufonada.
Es difícil hablar de teleorema estético- noetico o hechos estetizados de convenciones lingüísticas estilizadas, en una coyuntura casi distópica como la del Perú; a pesar de no querer recaer en vacíos de información con un conveniente relleno de bulos, es necesario sabernos filtros de la sociedad interconectada, para no caer en aberraciones dogmáticas o de total desinterés, respecto al meollo del asunto.
Ser tildado de rojo o de amarillo, deshonra la noción de tales colores, en un país que aún no ha logrado integrarse en la noción real de nación única, con un castellano más criollamente peruano que hispano y muchos dialectos provenientes de reales naciones endémicas reducidas a tribus o grupos étnicos que pisan un país de nombre agrietado.
Los "ismos" y los "antis" que tejen cada partido con sus axiomas, reflejan cuan partida esta nuestra patria, de recursos y futuros concesionados con ideologías que desnaturalizan el ejercicio político saludable.
A "Perú Libre" se le asoció con el pensamiento Gonzalo y el maoísmo violentista y antinatural que se profesaba a toda máquina décadas antes y que se vio reprimida de manera aún mas brutal por sistemas de opresión del gobierno que bien pudiera denominarse terrorismo de estado, aunque se intente negar por todos los medios, la existencia de tales hechos a nivel institucional, cual métodos ilegítimos que fomentan comportamientos anti-naturales evidenciados en la masacre de La Cantuta perpetrado por el Grupo Colina del Ejercito Peruano y hechos mas solapados como la difusión de un Vladi-video en el que altos mandos militares firman un "Acta de Sujeción" al régimen, como garantía de impunidad ante potenciales procesos judiciales por violaciones de derechos humanos.
En ambos casos se puede argumentar que los "titiriteros" o "mentes maestras" fueron los reales culpables de las manchas que dejaron a sus partidos, como los crímenes de lesa humanidad de Alberto Fujimori y los casos de negociación incompatible, aprovechamiento del cargo y lavado de activos por parte de Vladimir Cerron, pero la contraposicion de ambos partidos, también yace sobre los actuales representantes y sus escándalos, como la anexión artificial de la justa huelga de profesores del 2017 al MOVADEF, además del evidente intento de terruqueo como trillada técnica de opresión ante la protesta social o gremial respecto al representante de Peru Libre y el proceso judicial por lavado de activos que enfrenta la señora Keiko Sofia Fujimori Iguchi.
En fin, estamos ante un país que ha de celebrar el Bicentenario de una Independencia artificial, con una escacez de ética formal y moral prosituida.
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